Tu voz, intacta. La máquina lee; tú escribes. Tejedora conserva el proceso, las versiones vivas y las decisiones que todavía no quieres cerrar.
Escenas alternas, tachones, notas y versiones conviven sin fingir que el capítulo ya encontró su forma definitiva.
Escribir no es transcribir, es descubrir. ¿Abro con la herida o con el manifiesto? La página es la salida; el proceso vivía en otro sitio, hasta que decido tejerlo.
«Tengo once versiones del capítulo tres y ya no sé cuál es la buena.»
«Maté a un personaje en el acto dos y me reaparece vivo en el cuatro.»
«Sé que escribí algo buenísimo hace tres meses; no lo encuentro.»
Tejedora no lava tu voz para acercarla al promedio. Lee el manuscrito completo, te devuelve tensiones y deja la decisión donde pertenece: en quien escribe.
«Contra los atajos, el placer de ponerse a prueba.»
Si un personaje vuelve vivo después de morir, o una promesa narrativa queda colgando, el Espejo apunta el hilo suelto sin reescribirlo.
Posible continuidad rota. El personaje aparece en la escena final después de una muerte no revertida.
Contexto, decisiones, variantes y trazas viven junto a la obra. No reemplaza al editor: le entrega un panel de investigación sobre el texto y su devenir.
Para escritores que no buscan una máquina que les escriba, sino un lugar donde conservar la complejidad de haber escrito.